Haber perdido toda confianza en el sistema político español y sus representantes a los 17 años es tan, tan, pero tan triste y dice tanto del país en el cual vivo, que ya no sé si reir o llorar.

Haber perdido toda confianza en el sistema político español y sus representantes a los 17 años es tan, tan, pero tan triste y dice tanto del país en el cual vivo, que ya no sé si reir o llorar.